El Museo “Álvarez de Sotomayor”, por Pedro Perales Larios

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En gran cantidad de parcelas en las que se desarrolla la vida del ser humano siempre quedará mucho por hacer. Es ésta una verdad que no necesita demostración en aspectos como el de la sanidad, la educación, la investigación, la justicia social, etc… Hay además otras muchas parcelas en apariencia más prescindibles pero sin cuya aportación el desarrollo de la vida humana sería menos completo y complaciente del que conocemos, tal y como lo entendemos en los parámetros de la actual civilización. Es lo que sucede, entre otras realidades, con la que hoy es objeto de estas líneas, es decir, la que se ocupa de aspectos tan importantes y necesarios como la recuperación, conservación, difusión y puesta en valor de nuestro patrimonio histórico y cultural en su más amplio sentido.

Y como todo ha de tener su principio, aprovecho la oportunidad que nos brinda la presente publicación digital de nuestro Ayuntamiento para comenzar con un componente de este patrimonio que todos los cuevanos y cuevanas tenemos el deber de conocer y transmitir a nuestros conocidos, amigos y visitantes. Me refiero al Museo del Poeta José Mª. Martínez Álvarez de Sotomayor, más conocido como Poeta Sotomayor.

Aunque su origen se remonta a la década de los ochenta del pasado siglo, recibe su acta de nacimiento este museo el 15 de diciembre de 2007 en un acto público celebrado en el Teatro-Cine Echegaray, en el cual nos dimos cita vecinos, representantes de la Corporación Municipal y la nieta y única heredera del legado del poeta.

En los protocolos previos al acto se había acordado ubicarlo en el palacete que aún hoy lo alberga, es decir, la conocida popularmente como “Casa de los Figueras”, mandada a construir por un tío carnal del poeta, Manuel José Martínez Soler, quien lo regaló a su hija Magdalena Martínez Soler al contraer ésta matrimonio en 1902 con Juan Figuera de Vargas y Coche (París, 1874-Madrid, 1932), nieto de afrancesados que se habían exiliado en Francia después de la Guerra de la Independencia y cuyo apellido Figuera es el que le ha conferido al palacete la denominación con la que actualmente es conocido.

El ala derecha de la planta baja alberga el legado del poeta Sotomayor, distribuido en tres salas principales que atesoran los principales objetos y documentos que formaron parte de la faceta literaria de este cuevano que dedicó lo más importante de su producción escrita a ensalzar la vida y las costumbres de las gentes humildes del bajo Almanzora que vivieron de y para las faenas agrícolas.

Sea llevados por el orden lógico de su distribución, o sea guiados por las excelentes y completas explicaciones, sembradas de anécdotas y profundo conocimiento, de su excepcional guía Ignacio López Mulero, una vez concluido el recorrido de estas tres salas, experimentaremos la satisfacción de haber adquirido una exhaustiva información sobre la vida y la obra de este poeta gracias a la generosa exposición de objetos, libros, documentos, fotografías y mobiliario que formaron parte de su vida.

Durante el recorrido tendremos la ocasión de contemplar manuscritos originales de todas las obras, editadas e inéditas, primeras ediciones de las publicadas, ediciones de las obras completas, antología, estudios sobre la vida y la obra, los más de 500 volúmenes que restan de lo que fue su biblioteca personal, colecciones de periódicos de la época, ediciones de libros dedicadas por sus autores al poeta, sus colaboraciones en publicaciones periódicas, sus Memorias, los dos volúmenes manuscritos titulados Recortes de mi diario, dosier de prensa con reseñas críticas sobre sus libros, documentos varios (examen de ingreso, certificado con la calificación obtenida, expediente académico, nombramientos de hijo adoptivo, imposición de su nombre al Grupo de Escuelas Graduadas de niñas de Cuevas del Almanzora, testamentos, títulos otorgados por el poeta en calidad de “Califa”, poemas escritos en su honor…), fotografías  personales y de familiares y amigos, objetos varios de escritorio, otros objetos (juego de café que utilizaba el poeta en el casino de Cuevas, petaca, reloj de mármol negro, ajedrez…)

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Indudablemente lo más valioso de este legado para quienes tengan interés por el conocimiento o estudio de la vida y la obra de Sotomayor lo constituyen dos de los documentos mencionados que han permitido conservar y conocer la versión que sobre sus propias vida y obra ha dejado por escrito el autor y la opinión sobre esta última que fue apareciendo en la prensa y llegó a su conocimiento a lo largo de su carrera literaria. Se trata de las Memorias y el “dosier de prensa”.

Las Memorias constan de dos tomos, si bien en el segundo queda bruscamente interrumpida la redacción cuando corría el año 1945 y se reanuda en un folio encabezado con el título “1947”. El primer tomo, con más de ciento setenta páginas, consta de veintiocho capítulos, debidamente paginados y cada uno con el título de un aspecto de la vida del autor, como, por ejemplo, “mi infancia”, “mi vida de poeta”… En cambio, el segundo tomo está formado por folios sin paginar y por capítulos titulados con los años. Sin lugar a dudas, y siempre desde el punto de vista de quien esto afirma, las Memorias son el documento más importante del legado de Sotomayor, y ya afortunadamente desde la fundación del museo al alcance de estudiosos e investigadores.

En importancia equiparable a las Memorias en lo que de provechoso y útil supone para el estudio de la obra editada, encontramos en el museo un “dosier de prensa”, recopilado y ordenado por el propio Sotomayor a lo larga de toda su vida de poeta. En él se encuentran los artículos de prensa que mencionaban su nombre o el de algunas de sus creaciones literarias. Por ello ahora disponemos de una extensa colección de más de cuatrocientos recortes de prensa ordenados cronológicamente y catalogados con anotaciones marginales sobre el nombre del periódico o revista, el lugar y la fecha en que eran editados. De no haber sucedido de esta forma, sería ardua y lenta la tarea de recopilación y muy probablemente no dispondríamos del volumen suficiente de crítica para concluir que ésta fue bastante abundante e importante en su época. El investigador cuenta, gracias a la labor consciente del propio autor, con un largo y lento camino ya recorrido a la hora de formarse un juicio sobre la valoración que hizo la crítica de esta obra. Sin lugar a dudas Sotomayor realizó esta tarea sabiendo que su obra sería estudiada por especialistas y quiso ofrecer a los mismos un documento de incalculable valor en las labores de investigación.

Lo dicho hasta aquí nos ratifica en la certeza de que la visita al museo será un complemento de valor indiscutible para conocer mejor el significado de una obra literaria de enorme trascendencia en el conjunto global de nuestro rico patrimonio cultural. La visita al museo nos ayudará a entender mejor que el verdadero valor de la obra del poeta Sotomayor radica en ser la principal fuente y documento de valor lingüístico, histórico, social, etnográfico, etc., de que dispone la comarca almeriense del Valle del Almanzora. Gracias a esta obra los cuevanos podemos sentirnos afortunados porque muy pocos pueblos pueden conocer su pasado reciente como nosotros. Y ello gracias a la labor literaria de un poeta que nos dejó escrito con todo lujo de detalles cómo vivían nuestros antepasados que se dedicaban a las faenas agrícolas. Por la obra poética de Sotomayor podemos reconstruir por completo la vida de esta casta de hombres sufridos y abnegados que él elevó literariamente al rango de caballeros, los caballeros del campo, como él mismo los denominaba; por esta obra sabemos cómo pensaban, cómo realizaban el trabajo diario, cómo labraban, cómo regaban, cómo trillaban, cómo limpiaban las casas, cómo se confesaban, cómo iban a la escuela, cómo se declaraba el novio a la novia, cómo le decía el hijo a la madre lo mucho que la amaba, cómo jugaban los niños, cómo se les daba valor a objetos que ahora son para nosotros insignificantes, y lo que es más triste, la muerte, la muerte a todas las edades, pero también la alegría, el amor, en definitiva, la vida entera. Y no se limita el mérito de esta obra sólo a preservar esas costumbres y evitar que desaparezcan, al menos en la memoria. También tiene el mérito de hacerlo en la propia forma de expresarse de sus personajes, el habla de nuestra tierra, el habla que el campesino utiliza para contarnos una de sus principales tragedias: la sequía y, en consecuencia, la ruina, la pobreza, la miseria, el sacrificio…, la muerte.

Por todo ello, por ofrecernos la oportunidad de recuperar, conservar y difundir nuestro patrimonio, no podía haber llegado en mejor momento la iniciativa de nuestro Ayuntamiento al promover esta publicación digital, antes de que los últimos ecos de la época dorada de la cultura cuevana terminaran por perderse en el vacío del silencio y de la nada después de una demasiado prolongada etapa de tibieza y ralentización en la que en los tímpanos de los más jóvenes había dejado de repiquetear aquello de que su municipio se había convertido en referente provincial de una acertada política de recuperación, conservación, puesta en valor y difusión de un rico patrimonio histórico y cultural. Felicitémonos, es un buen principio, y animémonos a colaborar en su continuación.

Pedro Perales Larios