“La puesta en valor del Patrimonio Local a través de nuestro Archivo Histórico”, por Enrique Fernández Bolea

Nuestro patrimonio, el que nos distingue, aquel que nos identifica y nos aleja de la uniformidad, lo atesoramos con el transcurso firme de la historia y, si somos inquietos, interesados y sensibles, lo cuidamos, lo conservamos y lo rescatamos como fundamento de nuestra comunidad y legado para las generaciones venideras. Pues bien, no se nos ha desvanecido el celo a los cuevanos por recuperar y proteger lo que es de todos, protagonizando en las décadas precedentes una carrera bien ilustrada de logros. Y en la mayor parte de los casos restauración y puesta en valor para uso público han ido de la mano, con resultados más que destacables; sobran los buenos ejemplos en este sentido, aunque no faltan actuaciones fracasadas, en las que se dio ese primer paso de recuperación que no culminó con la fase definitiva de aprovechamiento para la comunidad.

Se sigue en la brecha y ello nos honra, sin abandonar otros patrimonios, otros legados ancestrales que nos definen, otorgando rigurosa verdad a aquello de que somos lo que hemos sido. Desde hace unos meses la responsable de nuestro Archivo Histórico Municipal, Antonia Salcedo, se afana en el traslado de los ricos fondos de esta institución hasta su nueva y definitiva sede en el lateral norte del Convento de San Antonio de Padua o de San Francisco, edificio emblemático del siglo XVII que se ha rescatado de su ruina y en la actualidad comienza a alojar servicios educativos y culturales como la Escuela de Música, Danza y Teatro, un aula museo o el mencionado archivo. Pero estas nuevas instalaciones, destinadas al albergue de nuestra dilatada memoria colectiva en mejores condiciones de espacio y conservación que las anteriores, ofrecen una oportunidad idónea a otras muestras de nuestro patrimonio artístico y documental que no podemos ni debemos desaprovechar. Me explico.

El Ayuntamiento de nuestra localidad –y por tanto todos los cuEvanos- posee una de las colecciones más amplias de obras ejecutadas por el pintor italiano Andrea Giuliani Cosci [Liorna, 1815 – Almería, 1889], magnífico retratista que en 1843 desde Granada se desplazó hasta Cuevas para inmortalizar a lo más granado de la emergente burguesía minera. Tres de estos óleos disfrutaron en su momento de las acertadas labores de limpieza y restauración aplicadas con profesionalidad por nuestra paisana María de Haro Rivas; hoy figuran en lugares bien visibles de las dos sedes que ocupan las dependencias del Municicio: el Retrato de Torcuato Soler Bolea (1845), que asoma sus enormes dimensiones a la escalera de las Casas Consistoriales; y otros dos lienzos de temática bíblica, Santa Catalina de Alejandría y El juicio de Salomón, ambos también de 1845, que escoltan la entrada principal a las salas nobles del palacete de Torcuato Soler Bolea. Sin embargo, fruto de los legados familiares que hace unos años realizaron José Soler Bernabé y Amalia Soler Soler, el Ayuntamiento custodia otros dos óleos de grandes proporciones del maestro italiano que aún no se han beneficiado de una exposición permanente por no haberse determinado un espacio idóneo: se trata del Retrato de la familia de Manuel José Soler Flores (1845) y el Retrato de ¿Juan de la Cruz Soler Flores? (1846).

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Imagen: “Familia de Manuel José Soler Flores” Andrea Giuliani (1845)

Han sido las nuevas dependencias destinadas a nuestro Archivo las que ofrecen ahora una oportunidad irrechazable. Su sala de consulta ostenta lienzos de pared lo suficientemente amplios para colgar en ellos estos dos óleos de impecable factura artística y de profunda significación histórica; se trata, en fin, de ese primer paso que los rescata de la oscuridad en la que hoy se ocultan y permite su contemplación de manera permanente. Luego vendrá su precisa restauración, por otra parte ineludible y que deseamos lo más pronta posible. El aprovechamiento de esta sala de consulta como nuevo espacio expositivo se completaría con otros dos óleos de menores dimensiones que, ejecutados por el pintor lorquino Juan José Resalt, formaron parte del legado de José Soler Bernabé: Retrato de Miguel Soler Molina (1879) y Retrato de Francisco Soler Flores (sin fecha). Y finalmente, como muestra del rico patrimonio documental que reposa entre los miles de legajos de nuestro Archivo, se aprovecharía uno de los lienzos de pared restantes para exhibir el Plan de Ensanche y Mejora de la Ciudad de Cuevas (1880), una maravillosa obra de planimetría decimonónica, pionera en nuestra provincia, que recoge el proyecto del ingeniero Ricardo de Arizcun, a petición de las autoridades locales, para ordenar el previsible crecimiento de la ciudad y reformar su casco antiguo. Es una joya de la historia del urbanismo que a punto estuvo de desaparecer para siempre y se recuperó in extremis para nuestro orgullo, satisfacción y disfrute. Para todas las piezas expuestas se elaborarán unas cartelas de contextualización donde se reflejaran los datos esenciales sobre las obras y sus autores.

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Imagen: “Miguel Soler Molina” Juan José Resalt.

Esta fue la propuesta que el que suscribe estas líneas y el profesor Pedro Perales Larios planteamos al Ayuntamiento de la localidad con el fin de poner en valor este precioso legado artístico y documental, e integrarlo en una institución que vela por la conservación y protección de nuestro patrimonio documental y ocupa con este objetivo una parte de un edificio representativo del patrimonio arquitectónico cuevano. ¿Alguien da más? De acuerdo se mostraron los responsables municipales, y a la espera de la conclusión de los trabajos de traslado nos hallamos con el fin de materializar la definitiva exposición de pinturas y documentos en aquellas dependencias. Que así sea.

Enrique Fernández Bolea

Cronista Oficial