Las Herrerías “De Vera”, por Pedro Perales Larios

Al haber ido cambiando las circunstancias, los actuales naturales de Cuevas del Almanzora no disponemos de los resortes y factores que configuraron el carácter y emotividad de muchas generaciones de paisanos que nos precedieron para llegar a entender y saber sobrellevar la dolorosa afrenta que les debió suponer ver cómo su pueblo tuvo que arrostrar una denominación que los ofendía y de la que nunca llegaron a saber, entender o aceptar su origen. Nadie sabe qué causa motivó el hecho de que nuestro municipio llevara como topónimo Cuevas de Vera (Enrique Fernández Bolea constata como utilizada por primera vez esta denominación en 1780) hasta una Real Orden dictada el 4 de mayo de 1930 por la que se aprobó el actual de Cuevas del Almanzora. Nuestro cronista oficial, intentando encontrar una explicación a este hecho, comparte la opinión del Doctoral de la Catedral de Málaga, el cuevano Bolea y Sintas, del que cita las siguientes palabras con las que sostiene que se trata de un error fundamentado en «la necesidad de dar dirección a las cartas en los correos. Sabido es que son varias las localidades en Andalucía que llevan el nombre de Cuevas, y era necesario distinguir nuestro pueblo de los demás. Si de antiguo la división provincial se hubiera hecho [se refiere a la de Javier de Burgos de 1833], no habría necesidad de consignar en el sobrescrito de las cartas Cuevas de Vera, pues bastaría dirigirlas a la provincia de Almería». [Fernández Bolea, Enrique: Historias para una historia. Cuevas del Almanzora y su provincia. Ayuntamiento de Cuevas del Almanzora, Arráez Editores, 2016, p. 39].

Durante mucho tiempo esta circunstancia debió ser muy “dolorosa” para los cuevanos, orgullosos de su pasado histórico y de su patrimonio, orgullo que debió verse afianzado e incrementado con lo que supuso en el ámbito de la minería internacional el repentino y afortunado descubrimiento del portentoso filón del Jaroso, que transportó el nombre de Cuevas con su complemento “de Vera” por el mapa mundial de la minería; orgullo que volvió a verse afianzado e incrementado por la labor de investigación y recuperación de la historia y prehistoria de la humanidad llevada a cabo por el sabio ingeniero belga Luis Siret, convertido en el padre de la moderna Arqueología gracias a la inabarcable riqueza que pusieron ante sus ojos, manos e inteligencia los montes, valles y ríos de esta tierra, lo cual le llevó a calificar a toda la provincia de Almería como “un museo al aire libre”.

Suprimida esta ominosa denominación gracias a la citada Real Orden de 4 de mayo de 1930, parece ser que la ansiada sustitución por el nuevo complemento “del Almanzora” por parte de los cuevanos debió provocar el efecto contrario entre los naturales del pueblo vecino que durante tanto tiempo había aportado al nuestro un indeseado complemento. Desconocemos cuál pudo ser la razón para que una persona de enorme capacidad intelectual y un manifiesto afecto a Cuevas, a su patrimonio y a sus vecinos, especialmente al citado Luis Siret y al poeta Sotomayor, el polifacético y culto veratense Juan Cuadrado, añadiera a la pedanía de Las Herrerías el mismo complemento contra el que tanto habían peleado los cuevanos, que veían cómo, felizmente fenecida ya la denominación de Cuevas de Vera, surgía la nueva “Las Herrerías de Vera”. Es difícil creer que se trate de un olvido o error debido a la ignorancia o desconocimiento, ya que cualquier cosa menos esto puede achacársele al culto Cuadrado, amigo y discípulo de Siret, asiduo visitante de su casa de Las Rozas (Las Herrerías), que contemplaba con una frecuencia casi cotidiana, al menos hasta la muerte del sabio arqueólogo, uno de los más famosos yacimientos por él excavados, en el citado pago de Almizaraque, a 200 metros escasos de su casa.

Juan Cuadrado Ruiz

D. Juan Cuadrado Ruiz

 

Esta neonata denominación fue lo que dio origen a que Miguel Flores González-Grano de Oro, cronista oficial de Cuevas, y el académico de la historia Gregorio José Bernabé Soler firmaran un artículo titulado “Al César lo que es del César” que fue publicado, bajo el rótulo de “ACLARACIÓN”, en el número 35 de El Censor. Periódico independiente, correspondiente al 10 de junio de 1931. Lamentan los dos estudiosos que no haya intentado conseguir Juan Cuadrado la declaración como monumento histórico nacional de todo el municipio de Cuevas, al que consideran «sembrado de restos de objetos prehistóricos que denotan la permanencia de moradores exóticos que venidos de remotos países aquí vivieron largos años explotando las riquezas que el suelo y el subsuelo de esta privilegiada región les ofrecía.

Frente a la Ciudad, en el llano que se extiende sobre el pago de Campos hasta llegar a Fuente del Álamo, en Almagro, y descendiendo por Los Tres Cabezos, Loma de la Zájara, Herrerías, Almizaraque, Los Conteros y Villaricos hasta tocar en las aguas del mar; subiendo después por Muleria, Arteal y Cerro del Oficio, hasta el límite de la jurisdicción por el Norte, en todos estos sitios existen incontables excavaciones de multitud de estaciones arqueológicas, en las cuales se hallaron innumerables objetos de piedra, hueso, cobre, estaño, mariscos y cerámica, que conservan con aprecio muchos particulares y otros que han contribuido a la formación del gran museo, ya célebre en el mundo, de nuestro particular amigo y sabio arqueo-geólogo D. Luis Siret».

A la extrañeza que les causa esta actitud de Cuadrado, se le suma la indignación que les produce ver que en La Gaceta de 4 de junio de ese año figura únicamente, entre otros monumentos histórico-artístico almerienses, el Despoblado de Almizaraque, en Herrerías de Vera, denominación que ellos consideran un despropósito por proceder del veratense, quien había ya utilizado ese mismo complemento “de Vera” para referirse a Las Herrerías en unas conferencias sobre arqueología pronunciadas en la Exposición de Barcelona dos años antes: «[…]así como en aquellas conferencias incurrió en error al adjudicar a Vera la paternidad de nuestro paraje de las Herrerías, de igual modo al dar la nota a las esferas oficiales sobre la importancia arqueológica de Almizaraque, incurre en el despropósito de adjudicar a la vecina Ciudad territorios que siempre, lo mismo que ahora, pertenecieron sólo y exclusivamente a Cuevas.

Es lamentable que por querer revestir de galas ajenas al pueblo de nuestra naturaleza, (y a Vera nadie le regatea ni discute sus lejítimas (sic) glorias) se altere la verdad de las cosas y se haga incurrir en errores a aquellos que, confiados en la buena fe de una personalidad culta decretaron, conforme se pedía, una cosa que no se ajusta a la verdad».

Es tal la indignación de los intelectuales cuevanos, que exigen al polifacético veratense una rectificación satisfactoria que subsane el agravio:

«Así pues, nosotros esperamos de la formalidad, rectitud y caballerosidad del señor Cuadrado, que hará llegar a los altos poderes, donde supo ir para alcanzar el interés debido a una subvención en pro de las investigaciones arqueológicas, esta rectificación, para que pueda catalogarse, designando el verdadero punto geográfico, el lugar de Almizaraque.

Dice mal, de quien se titula asimismo (sic) discípulo de Siret, faltar a la verdad tan insistentemente, lo que de ningún modo pudo aprender de aquel que dice es su maestro. Si no hiciese la debida rectificación, nos veremos obligados a cumplir con nuestro deber de Correspondientes de la Academia de la Historia, llevando a ella esta aclaración».

Desconozco cuál fue el desenlace final de esta curiosa anécdota, pero no me cabe duda de que sería satisfactorio para los cuevanos, como muy satisfactorio fue otro acontecimiento también protagonizado por Juan Cuadrado con el que dio muestras de amistad, agradecimiento y lealtad hacia otro cuevano famoso, pero esto será motivo de una próxima colaboración en el presente medio.

Pedro Perales Larios