“El ataque de Aben Humeya a las Cuevas y el saqueo de los cristianos viejos” Artículo de Antonio Llaguno Rojas

El rey Fernando el Católico después de la conquista de Granada, con el fin de atraerse a nobles musulmanes a su causa, premió a algunos de ellos si se convertían al cristianismo otorgándoles títulos nobiliarios y otras mercedes, lo que serviría de estímulo y modelo a otros correligionarios para abandonar el Islam y abrazar la fe cristiana. Surgieron así los moriscos o “cristianos nuevos”, conversos casi siempre de conveniencia.

Una de las familias nobles beneficiadas por don Fernando fue la de los Abenhumeya, que se consideraban descendientes de la dinastía de los Omeya de Córdoba y del mismo Profeta Mahoma, siendo don Fernando de Córdoba y Válor el primer converso de ella. El rey, además de darle su nombre, lo premió con el señorío de Válor, en Jubiles, que era una taha de las Alpujarras, al tiempo que lo nombró caballero veinticuatro de la ciudad de Granada (regidor de su Ayuntamiento o Cabildo). Premiaba con ello su lealtad y actitud colaboracionista.

Iniciada la segunda rebelión de los moriscos, ya con Felipe II, éstos nombraron como su rey al biznieto de don Fernando de Córdoba y Valor,  conocido como Aben Humeya, que en septiembre de 1569 quiso sumar a sus huestes a sus antiguos hermanos de fe musulmana del Almanzora. Partiendo de Purchena, donde se encontraba en esos momentos, descendió por la cuenca del río soliviantando y alzando en ocasiones en armas a los conversos de Cantoria, Partaloa, Albanchez, Arboleas y Zurgena,  dirigiéndose después a la ciudad de Vera, a la que sitió el 25 de septiembre de 1569  durante once horas.

Pero la ciudad de Lorca envió un refuerzo militar a auxiliar a los cristianos de Vera, al igual que hiciera la villa de Las Cuevas con un contingente militar de noventa soldados, lo que provocó que el rey morisco desviara su atención a nuestro pueblo, que veía más indefenso.

Al conocerse la proximidad de Aben Humeya a Las Cuevas, el alcaide de su castillo, Diego Teruel, ordenó a la población guarecerse en el interior de la fortaleza, y así la villa pudo resistir mejor que otras la ofensiva del rey morisco. Por otra parte, se dio la circunstancia de que la mayoría de los conversos no secundaron a su supuesto rey, sino que se mantuvieron leales al marqués de los Vélez, salvo unos cuantos de ellos que engrosaron el ejército del morisco. Aben Humeya, fracasando en su intento de reclutar mayoritariamente a sus correligionarios, incendió antes de partir para Purchena río arriba la iglesia y arrasó las huertas del marqués en el pago de Calguerín.

El castillo resistió por la defensa que de él hizo su alcaide, Diego Teruel, advertido del inminente ataque de Aben Humeya; aunque su actitud, valerosa en un primer momento, se convirtió pronto en mezquina. Y es que el alcaide, auxiliado por su sobrino Alonso del Castillo, aprovechó la ocasión para quedarse con muchas de las provisiones de grano, frutas, aceite y ganado de los moriscos huidos o de los que él, caprichosa e interesadamente, creyó colaboradores de los asaltantes.

Es por ello por lo que algunos autores creen que quien verdaderamente asaltó ese 25 de septiembre de 1569 la villa de Las Cuevas no fue Aben Humeya, sino el alcaide y su sobrino, porque si el primero fue directamente contra el marqués, los dos cristianos viejos lo hicieron contra todos los vecinos, tal fue su codicia.

Esta actitud mezquina del Alcaide y de su sobrino Alonso del Castillo supone también para algunos estudiosos un ejemplo claro de la animadversión de muchos cristianos viejos a los nuevos cristianos, que originó que el propio marqués de los Vélez provocara un proceso judicial del Alcaide y que el licenciado Bonifaf, enviado por la Real Chancillería de Granada, condenara a este alcaide corrupto a la pena de prisión.

 

Antonio Llaguno Rojas