“Villa Anita o casa de García Alix: Una historia cargada de futuro” Artículo de Enrique Fernández Bolea

Se cierne sobre Cuevas una buena nueva: en Villa Anita, conocida por los habitantes de la ciudad de la plata como la Casa de García-Alix, penetrará otra vez el arte y la cultura tras casi una década de inoportuno vacío. Merece la pena aprovechar la coyuntura, esa que nos brinda el anuncio de la apertura de la exposición de pintura del próximo sábado 8 de abril, para adentrarnos en el alma de este edificio singular que la va a acoger, en su historia y hasta en su intrahistoria.

Un emporio de riqueza afloró de aquella sierra modesta en altura y extensión que se interponía entre la villa y el Mediterráneo. A partir de 1839 la galena argentífera de Almagrera, celosamente atesorada en sus profundidades, se desbordó y anegó de opulencia a unas cuantas familias afortunadas de la población. Entre los más favorecidos figuraron los Soler Gómez, una familia de empresarios mineros y luego metalúrgicos que alcanzaron, gracias a los descomunales beneficios, una reñida cúspide por la que competían los abundantes adinerados del lugar. Manuel, apodado “el Rico”, fue el mayor de la saga y el que más éxito obtuvo en los negocios, pues a las tradicionales actividades ligadas a las explotaciones mineras y a la obtención de metales, añadió el ejercicio sistemático del préstamo de dinero avalado por propiedad rústica y urbana, de modo que a su muerte en 1891, y solo por este concepto, tenía repartido entre sus numerosos acreedores más de un millón de las pesetas de entonces. El primogénito de sus cuatro vástagos se llamó Antonio, quien a la muerte del progenitor heredó una parte de su inmensa fortuna con la que pudo, entre otros lujos y dispendios, construirse el palacete que nos ocupa.

Antonio Soler Márquez había nacido en 1855 y desde muy joven flirteó con la política, primero local y después provincial y nacional. Hasta 1896 fue diputado provincial, representación que abandonaría al tomar posesión de su acta de senador por la provincia de Almería en ese mismo año. Tras las elecciones del 4 de abril de 1899 obtendría escaño de diputado por el distrito de Sorbas en el Congreso, acta que revalidaría dos años más tarde, en los comicios de 1903. Aunque el 17 de agosto de 1905 cesó en esta responsabilidad, su carrera política continuó con su vuelta al Senado en 1908. Fue en las filas de Unión Conservadora de Francisco Silvela, partido en el que militó casi desde sus orígenes, donde entabló relación con otro de los protagonistas de este particular relato, Antonio García Alix. El político murciano desarrolló una dilatada carrera parlamentaria entre 1886 y 1910, período en el que de manera casi ininterrumpida ocupó un escaño en el Congreso de los Diputados. Asumió la cartera de Instrucción Pública y Bellas Artes entre 1900 y 1901 bajo la presidencia de Silvela y, luego, en el gobierno del también conservador Fernández Vilaverde, se le confió el ministerio de Gobernación en 1903.

CuevasMATRIMONIOAN MANUEL SOLERYCARLOSGARCÍA-ALIX 19081

El cuevano, que había seguido los pasos de su progenitor al convertirse en banquero de relevancia en toda la provincia, era igualmente uno de sus mayores contribuyentes. Había contraído matrimonio con Aurelia Martínez Soler, miembro también ella de una familia de capitalistas mineros, que le dio una única hija, Ana Manuela, la que siempre fue la niña de los ojos de don Antonio. Pues bien, el opulento e influyente Soler decidió levantarse a partir de 1898 en la finca que poseía extramuros de la ciudad “un precioso hotel”; para las clases acomodadas este término adquiría un significado diverso del que los mortales de hoy le concedemos, es decir, “casa más o menos aislada de las colindantes y habitada por una sola familia”. Llegó el día en que el dueño de aquel flamante edificio quiso inaugurarlo, aunque para tan señalada ocasión no escogió una fecha cualquiera, sino el 26 de julio de 1899, onomástica de su querida heredera. Las crónicas del momento, como la inserta por La Crónica Meridional el día 31, resultan los suficientemente elocuentes para aproximarnos a lo que allí aconteció: “La amenidad del sitio en que se verificaba la fiesta, el boato y distinción de la numerosa concurrencia y la exquisita galantería de los sres. de Soler contribuyeron a que la soirée resultara brillantísima. Las distintas fachadas del precioso hotel se hallaban profusamente iluminadas a la veneciana; en sus amplios salones, decorados con gran lujo, lucían bonitas lámparas que derramaban potentes rayos de luz, permitiendo admirar los encantos de las bellas y distinguidas señoras allí reunidas. Los concurrentes fueron obsequiados con dulces, licores y helados, terminando la alegre fiesta después de las tres de la madrugada”.

Las estrechas relaciones políticas de los progenitores, las idas a la corte de la familia Soler Martínez en las que Ana Manuela se prodigaría en contactos de sociedad, las más que probables venidas de los García Alix a la Cuevas de los primeros compases del siglo XX, ayudó a que los jóvenes vástagos de ambas familias nutriesen una relación a buen seguro azuzada y bendecida por sus progenitores. Lo cierto es que el 15 de octubre de 1908 se celebró el enlace entre Carlos García Alix, primogénito del exministro, y la riquísima Soler, única descendencia del senador, quien “no ha omitido gastos para que el acto que ha de celebrarse en sus jardines del Hotel Granito resulte deslumbrador y forme época en los fastos su pueblo natal” [La Independencia, nº 204, 15 de octubre de 1908]. Para el día de la ceremonia se esperaba “el señor García Alix, gobernador del Banco de España [último cargo que desempeñó] con toda su distinguida familia y no pequeño séquito de amigos, entre los que se cuentan el gobernador de Murcia señor Barroso y el señor Escribano de la S. I. C. de Almería, quien bendecirá a los contrayentes al enlazarse en el santo sacramento del matrimonio”. Fue aquel un acontecimiento sonado en la todavía elitista ciudad de la plata, en el que se congregó lo más granado de la sociedad de la época, aún ricos algunos y otros venidos a menos, a la que se le ofreció un espléndido banquete en los jardines del Hotel Granito. Y es que así, de este modo, debió denominar don Antonio Soler la mansión que acababa de levantar, primer nombre que recibió a juzgar por la crónica citada y por el testimonio que algunas postales editadas entre 1902 y 1908 recogen al rotular sobre la imagen del palacete la aludida denominación. El origen o la razón del mismo por ahora se desconocen.

Es más que probable que una vez instalados los recién casados en su nueva morada decidiesen rebautizarla con el de Villa Anita, en honor de su dueña e inquilina. Una funesta circunstancia pudo contribuir a ello, y es que el 8 de noviembre de 1909, apenas había transcurrido un año del casamiento, Antonio Soler Márquez fallece en Madrid, donde desempeñaba sus funciones de senador. Su cadáver fue trasladado hasta la estación de Atocha acompañado por un nutrido séquito que estuvo encabezado por el presidente del Senado, Justino Azcárate, su yerno Carlos García Alix y su sobrino Francisco Soler Soler. Desde allí se condujo en ferrocarril hasta Cuevas en cuyo cementerio de San Miguel se le dio sepultura al día siguiente.

El Hotel Granito, Villa Anita o Casa de García Alix, como es comúnmente conocido, constituye para los habitantes de esta antigua villa un motivo más de privilegio y, al mismo tiempo, de orgullo. Su sola existencia, ciento veinte años después de su construcción, nos enriquece como comunidad, nos define como pueblo conservador de su patrimonio; y a ello debemos seguir contribuyendo, apoyando como municipio a quien ha tenido la sensibilidad de rescatarlo del abandono y ahora pretende ofrecérnoslo para nuestro disfrute. Que el latido de la historia, que ese halo de existencias pasadas, sea el mejor sustento para que este centro de cultura y arte reinicie su andadura cargado de porvenir.

Enrique Fernández Bolea Cronista Oficial

[“Hospital de San Antón y Hotel Granito” (referencia a la Casa de García Alix / Foto de Federico de Blain Becerra (Col. Enrique Fdez. Bolea); Carlos García Alix y Ana Manuela Soler, recién casados / Foto anónima (Col. Enrique Fdez. Bolea)]