“Las Herrerías de Vera” (continuación) Artículo de Pedro Perales Larios.

La primera entrega que, bajo este mismo título, apareció en la presente publicación digital, terminaba así:

Desconozco cuál fue el desenlace final de esta curiosa anécdota [el veratense Juan Cuadrado atribuía a Herrerías la falsa paternidad que se lee en el título del artículo], pero no me cabe duda de que sería satisfactorio para los cuevanos, como muy satisfactorio fue otro acontecimiento también protagonizado por Juan Cuadrado con el que dio muestras de amistad, agradecimiento y lealtad hacia otro cuevano famoso, pero esto será motivo de una próxima colaboración en el presente medio.

Y aquí estamos de nuevo, dispuestos a informar de ese “otro acontecimiento” y dar cumplimiento así a lo que podemos considerar como un compromiso adquirido. Para ello nos vamos a limitar a refundir una colaboración publicada en 1986 en el libro De arqueología y otras cosas, del citado Juan Cuadrado.

Quien haya leído detenidamente la obra del poeta Sotomayor y haya profundizado en sus valores, sabe que uno de los principales que aquélla encierra es el costumbrismo, es decir, ser valiosa fuente y almacén de datos para reconstruir las costumbres, modos de vida y, en definitiva, la cultura de nuestros pueblos durante la época que en ella retrata. Este mérito, que a priori se nos puede mostrar como exclusivo del poeta cuevano, tiene también parte de deuda con la influencia que en él ejerció su amistad con Juan Cuadrado, discípulo y amigo de Luis Siret.

No se puede determinar con exactitud la fecha en que nace la amistad entre ellos, pero sabemos que ya existía con anterioridad al año 1916, en cuyo mes de diciembre fechó el poeta una composición titulada “¡¡Señor!!” destinada a ser impresa en el álbum de Juan Cuadrado. Por aquellas fechas Sotomayor sólo había publicado uno de sus libros, Mi Terrera, en el que destacan múltiples valores, pero no es precisamente el costumbrismo el que más haya que resaltar, cosa que sí sucede en el segundo, Rudezas, para cuya publicación en 1921 fue factor decisivo la amistad que comentamos. El poeta lo expresa en sus Memorias:

Así transcurrió el tiempo hasta que alrededor del año 19 ó 20 dio en celebrarse una grata reunión a la que era invitado y que fue decisivo acicate para decidirme a editar otro libro. Tenían lugar estas reuniones en la próxima ciudad de Vera, en la preciosa finca del Real, de mi gran amigo Juan Cuadrado Ruiz […] reuniones cada vez más asiduas y en las que […] era final obligado una larga recitación de mis versos […] Esto y la sinceridad con que me aconsejaban la recopilación en un libro de todas estas poesías de carácter regional me decidieron a revisarlas y ordenarlas formando con ellas un tomo al que di el nombre de «Rudezas».

El convencimiento de que esta amistad debió ser en efecto bastante fructífera va en aumento cuando comprobamos que en el ambiente en que se dio a conocer exitosamente la obra más importante de teatro del cuevano —La Seca—, también estaba presente su amigo. Así, cuando el gran actor trágico don Enrique Borrás estrenó La Seca, estreno producido en Burgos, el único amigo del poeta que se desplazó a esa ciudad para ser copartícipe con él del éxito o el fracaso fue el mismo que anteriormente había influido en la publicación de Rudezas. Por ello el poeta, veintidós años después, volvió a mencionarlo en sus Memorias:

Juan Cuadrado me dio la agradable sorpresa de ir a tan lejanas tierras para presenciar el estreno, telegrafió también en igual sentido y yo lo hice a mis familiares henchido de ilusión y alegría…

Como vemos, Cuadrado tuvo, además, la deferencia de enviar al Ayuntamiento de Cuevas un telegrama en los siguientes términos:

Anoche presencié estreno de La Seca. Éxito tan inmenso definitivo. Pepe quedó consagrado dramaturgo primera línea. Final todos actos salió escena entre ovaciones delirantes. Terminado drama público emocionado obligó poeta recitar versos, se repitieron ovaciones delirantes: resumen, un exitazo del poeta de Cuevas. Enhorabuena a sus paisanos y un abrazo muy fuerte de Juan Cuadrado.

Fue también el veratense quien realizó la magnífica portada con que se editó el libro, y publicó, además, en La Esfera. Ilustración Mundial, un retrato a la sepia en el que aparece admirablemente caracterizado Enrique Borrás en el papel de “ma Antonio”, protagonista de la obra.

Si ha ido en aumento el convencimiento de que la amistad de los dos personajes fue factor importante, este convencimiento se afianza cuando comprobamos que efectivamente el costumbrismo, uno de los principales valores literarios —como ya queda dicho— de la obra de Sotomayor, debe también muchos quilates a la influencia de esta amistad. Y la prueba más evidente de ello es el poema que mejor representa ese costumbrismo, “La faca”, composición que, según el propio discípulo de Siret, fue escrita a petición suya:

Yo, que fui siempre amante de lo tradicional y pintoresco de nuestro poco conocido país, rogué a mi gran amigo el poeta Sotomayor escribiese una poesía, una especie de “canto a la faca”, que diese a conocer y que perpetuase tan interesante costumbre, y Sotomayor, siempre amable conmigo, me enviaba a los pocos días la siguiente admirable composición, en la que describe de modo insuperable y con brillante colorido y realismo la ceremonia a que hacen referencia estas cuartillas.

[De un artículo publicado por Juan Cuadrado en la revista Almería, Agosto, 1945].

Efectivamente, Álvarez de Sotomayor envió a su gran amigo el poema que, aunque en Los Caballeros del Campo aparece dedicado a Alberto Domingo, originalmente estaba dedicado a él, quien, enamorado de lo que la composición representaba, lo copió en un pergamino, lo adornó con dos auténticas facas de canales y lo enmarcó para que ocupara lugar preferente entre sus objetos más apreciados.

DEDICATORIA DE LA FACA

No se piense que la relación de amistad que unió a estos dos artistas se limita a lo aquí expuesto. Describirla más detenidamente supondría superar en exceso los límites que la prudencia y este foro aconsejan, pero añadamos para concluir que, en la década de los cuarenta Sotomayor decidió exiliarse en Vera (lo que daría para un extenso capítulo),  ciudad que lo acogió como si de un hijo propio se tratara, donde permaneció diez meses aproximadamente y la que tuvo a bien, a petición de su querido amigo, otorgarle por unanimidad del equipo de gobierno el nombramiento de hijo adoptivo.

CUADRO CON FACASbis

Pedro Perales Larios