“LOS BÚNKERES DE VILLARICOS 1937-38” Artículo de Antonio Llaguno Rojas.

Precedentes y contexto histórico:

El origen de la palabra “búnker” es anglosajón y hace referencia a cierto tipo de fortificación o fortaleza de pequeño tamaño, que en el caso que nos ocupa también puede ser sinónimo de “casamata”o “nido de ametralladoras”.

Los búnkeres son los castillos del siglo XX, y obedecen al común objetivo de defender a los habitantes del contorno inmediato, desde las torres romanas o musulmanas, los castillos medievales o las atalayas de vigía del siglo XVIII. Y en el caso de los búnkeres adaptándose  a los nuevos tiempos y circunstancias, la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial, que fueron las últimas guerras de trincheras.

Iniciada la Guerra Civil española, como es sabido, el 18 de julio de 1936, las autoridades republicanas impulsaron la construcción de búnkeres en todos los frentes de guerra para repeler a los sublevados franquistas, complementados por el sistema de trincheras tradicional. Sobresalieron las fortificaciones de Madrid, Asturias, Bilbao, Valencia y Cataluña.

En el caso de Almería, aunque no fue un frente activo de guerra, los gobiernos del Frente Popular también estimularon la creación de una red de búnkeres, sobre todo a partir de las caídas de Málaga y Motril en manos franquistas en febrero de 1937, que acercaban peligrosamente la capital almeriense al frente por el oeste, al tiempo que conocían la intención de Franco de llegar por el litoral levantino a la Base Naval de Cartagena, que continuaba leal  a las autoridades legítimas republicanas.

De este modo, el gobierno republicano diseñó un Plan de Fortificaciones de Retaguardia, que desde Villaricos a El Ejido, hasta 1938, distribuyó por la costa almeriense más de 20 búnkeres. Y una vez finalizada la Guerra Civil el régimen franquista mantuvo la red, retomando o edificando otros por las nuevas circunstancias políticas internacionales.

Y es que las autoridades franquistas, ante el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial en 1939 y su simpatía por el eje Berlín-Roma (Hittler y Mussolini), temieron una invasión de las fuerzas aliadas, por lo que el mantenimiento y reforzamiento de los búnkeres republicanos costeros adquirieron una gran importancia ante posibles ataques por el mar. Esta situación duraría hasta 1942, cuando el sagaz dictador Franco entabló ciertos contactos diplomáticos con el Reino Unido y la amenaza de la invasión perdió fuerza.

Estas fortificaciones cumplían una doble función, como era la de la vigilancia de tropas enemigas o de navíos de guerra, además de impedir o dificultar una posible invasión terrestre o un desembarco de fuerzas contrarias.

Los  búnkeres del castillo y del Boliche:

Hasta ahora había datado y registrado un único búnker en Villaricos: el cercano a  la punta de los Hornicos, en las proximidades de la desembocadura del río Almanzora, en su margen izquierda, por debajo del actual castillo,  sobre un suave promontorio que aumentaba el ángulo de visión sobre el mar. Sin embargo, como veremos al final del capítulo, existe otro cercano a la playa de la Dolores.

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La ubicación del primer búnker (el cercano al castillo) evidencia su posición estratégica a lo largo de la historia, pues desde la antigüedad ese entorno natural ha sido considerado como crucial en la vigilancia del golfo de Vera, llamado en la antigüedad de Amílcar (por Amílcar Barca), y en la defensa de las poblaciones que sucesivamente han habitado allí. El castillo musulmán del cerro de Montroy o la posible torre romana sobre la que se asentó el actual castillo, una atalaya del siglo XVIII, dan testimonio de ello.

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Esta casamata está caracterizada por tener una planta en forma de de arco de medio punto, dividido su interior en dos espacios, correspondientes a las dos aspilleras que  tienen este tipo de fortificación, para que dos soldados ocuparan cada uno de ellos y su tronera para disparar en caso necesario su ametralladora.

Este búnker es una fortificación sólida, con un grosor de más de 60 cm, construido en base a hormigón armado, con una cubierta en la que se mezcla este tipo de hormigón  con piedras de la playa para lograr una mimesis perfecta con el medio natural y pasar así lo más desapercibido posible. Se accedía al interior por una estrecha puerta lateral trasera. El exterior es casi cuadrangular, como he podido comprobar yo mismo, con un frente de 4,60 metros, una profundidad de igual medida y la parte trasera de 4,90, debida esta diferencia  a que la fachada al mar acaba en dos chaflanes angulares en sus extremos. El interior, sin embargo es cuadrado.

Pero además del búnker del castillo, aunque no esté documentado hasta ahora, he tenido la oportunidad de conocer y analizar otro, situado sobre una colina a poniente de la playa de la Dolores, conocida como el Boliche.

Este segundo búnker es similar al primero, con su misma estructura, tipología y dimensiones, y actualmente está enterrado por tierra y arena casi en su totalidad, especialmente por detrás, aunque por delante pueden verse o adivinarse las aspilleras.

En una de mis entrevistas con Joaquín Rico, éste denomina a los búnkeres como “trincheras” y los atribuye a “los rojos”, a los “milicianos”, lo que sitúa indudablemente su construcción en la Guerra Civil. Recordaba haber ido él con un allegado a ver como se construía el del castillo cuando tenía siete años, inmediatamente antes de que se construyera el del Boliche. Habida cuenta de que Joaquín nació en el año 1930, podemos deducir que estas dos trincheras se construirían sobre el 1937 o 1938.

En cualquier caso, al igual que los castillos de Cuevas y de Villaricos, en el caso de nuestro municipio, estos búnkeres o trincheras son  un tipo de edificación militar digna de considerarse Bien de Interés Cultural (BIC) y de  conservarse, como una lección viva de una parte importante de nuestra historia y del papel que Villaricos jugó en ella.