Antoñita Giménez, pregonera de la Feria de San Diego 2018: “La magia de ver salir una imagen de un papel oscuro me atrapó para siempre”

La magia de inmortalizar un momento para siempre, la magia de que de un papel surgiera una imagen tras introducirla en un líquido revelador, atrapó a Antonia Giménez Morata cuando aún era una niña. Quería estudiar idiomas. Era una chica joven, guapa e inquieta. El amor por la fotografía comenzó a crecer conforme los encargos que le hacían a su hermano Pedro terminaban siendo suyos, después de que el chico empezara a mostrar interés por otros menesteres. Como todas las cosas que enganchan, su primer contacto con la fotografía fue la casualidad de su vida y aquella muchacha que comenzó haciendo fotos de carné, algunas imágenes para juzgados o notarios, y algunos retratos en su casa, terminó convirtiéndose en una institución en Cuevas del Almanzora. Antoñita, la de las fotos. No hay cuevano que no la conozca, ni seguramente vecino del Levante.

Con la misma vivacidad en los ojos y la eterna sonrisa, nos recibe en el salón de la casa en la que comenzó a ser su estudio. Asegura que un día su hermano Pedro estaba en el laboratorio que tenía en casa y ella lo llamó para comer. Su hermano le dijo que pasara y le enseñó como salía la imagen de un papel tras introducirla en un líquido. “Me causó sensación, era magia”, explica. “Mi hermano me dijo siéntate que te lo voy a explicar, yo me senté y ya no me levanté de esa silla desde la que revelaba una tras otras miles de carretes, y desde la que años después revelaría mis propias fotografías de bodas, bautizos, comuniones, y un sinfín de eventos familiares”, continua diciendo mientras de su mirada, tras casi 70 años, se sigue desprendiendo la ilusión del primer día. Así confiesa ahora, cuando hace 4 años desde que se jubiló, que nunca perdió los nervios ante una nueva boda que inmortalizar. Minuciosa y apasionada, nunca dejó ningún detalle al azar, ni siquiera cuando fue por vez primera al exterior a hacer fotografías del hundimiento del arco del puente de hierro en el año 66. “En aquella primera vez, mi madre me dijo, tú haz muchas fotos (era una mujer mayor, pero muy lúcida y con una visión que iba más allá de todos nosotros). Así lo hice. Y al final de 3 o 4 carretes saqué como 20 fotos, las mejores. Siempre me ha pasado, siempre me han dicho que gastaba mucha película, pero siempre lo he preferido, para asegurarme un buen trabajo”, dice Antoñita, con la seguridad de quien ama lo que hace y conoce perfectamente todos los entresijos de la profesión.

Su vida ha transcurrido así entre cámaras fotográficas, flashes, y mucho cariño, el que ha profesado siempre a quiénes han confiado en ella para hacer eternos los momentos más especiales de su vida. En su larga trayectoria no ha dejado de innovar, de adquirir lo más novedoso del mercado en el sector, asegura haber trabajado mucho, sobre todo, en el analógico, aunque también acogió la era del digital, en los últimos años de su actividad. Siempre le gustó estar al día de todo lo que acontecía en el mundo de la fotografía, “siempre me gustó ir a seminarios, a ferias… cuando llegó la fotografía digital empecé con ella, al principio, con algunas dificultades, pero enseguida le cogí el truco, y siempre tenía conmigo a personas que podían ayudarme en el tema del ordenador, siempre eso sí, me gustaba ver todo lo que salía de la máquina”, confiesa.

Reconoce que ‘lo digital’ tiene muchas ‘armas’ para corregir algún error que puedas cometer con la cámara, pero hay que saber tocarle para que no quede artificial. “A mí siempre me ha gustado todo muy natural, y es cierto que la fotografía digital te permite muchas cosas… pero a veces se echa de menos esa ilusión de cuando haces una foto y no sabes hasta que revelas qué te va a salir”, afirma sin perder esa sonrisa que se siente satisfecha de su vida, de sus actos, y de estar segura de tener el mismo cariño que da. “Me siento muy querida por mi pueblo, había gente que me echaba la bronca por haberme jubilado… me lo tomo como algo bueno, como de haber conseguido el cariño de mi gente”, apunta.

La noticia de ser la pregonera de las fiestas de San Diego 2018 la acogió con sorpresa, “no me lo esperaba para nada, además le dije a Antonio que no, que yo no sé hablar, que me pongo muy nerviosa”, afirma, pero “es cierto que es un orgullo poder ser pregonera de la Feria, ahora me hace mucha ilusión y es una satisfacción enorme que hayan pensado en mí”.

Respecto al pregón dice que hablará de muchas cosas… de la feria que ella recuerda, de los más de 40 años que lleva siendo Antoñita, la de las fotos.