Óscar Francisco Trujillo: “Aunque los templos no estén llenos, sí debemos llenar los corazones”


El Padre Óscar llegó a la parroquia de Cuevas hace tres meses, le conocemos un poco más…

El Padre Óscar Francisco Trujillo llegó a la parroquia de Cuevas hace tres meses, después de ocho años en Macael y otros cuatro de capellán en el hospital huercalense. Lleva ya doce años ejerciendo como sacerdote y su balance es que siempre ha sido inmensamente feliz. Antes y ahora. De carácter extrovertido y con ganas de compartir sus conocimientos, Trujillo es profesor de religión en el instituto Cura Valera de Huércal-Overa.
Afirma que cree firmemente en esa Iglesia que predica el Papa Francisco, la que sale a la calle y la que acoge y escucha. Asegura sentirse muy agusto en Cuevas y se ha implicado desde el principio en la vida del municipio.

  • ¿Cuándo siente que su vida está en la Iglesia, como parte de ella?
  • Desde muy pequeño sentí la inquietud, entré de monaguillo y quedé impresionado de ver la labor de los sacerdotes, de visitar a los enfermos, de ayudar a los necesitados, siempre entre la gente. Después llegaron los años difíciles de la adolescencia que me sirvieron como experiencia y para reafirmar mi vocación y a los 18 años entré en el seminario.
  • ¿Cuál es la principal labor de un sacerdote, según usted?
  • El sacerdote tiene que darse y querer a su pueblo. Así es feliz en cualquier situación o ambiente, porque en realidad la labor del sacerdote es la misma en cualquier situación, llegar al corazón de cada uno. Siempre digo que así es como se es feliz, yo no sé si se podría ser más feliz.
  • ¿Qué tal estos primeros meses en la localidad de Cuevas del Almanzora?
  • Desde el primer momento, la acogida ha sido muy buena. Cuevas es un pueblo con un sentido religioso muy profundo. Es un pueblo muy respetuoso con la Iglesia. Me he encontrado una parroquia con mucha gente implicada
  • ¿Qué es lo que más le ha llamado la atención?
  • Me llamó la atención que Cuevas tiene una religiosidad muy auténtica, que se ve en lo popular, pero que responde a una vivencia íntima y profunda. También es un pueblo muy generoso, la gente se da.
  • Y a pesar de todo, usted asegura que la Iglesia tiene mucho por hacer aún.
  • Sí. La Iglesia tiene que acercarse a todos, creo en esa iglesia que se ensucia los zapatos, que huele a oveja como dice el Papa Francisco. Quiero construir esa iglesia que escucha y acoge y disfruto haciendo iglesia en la calle. Esta sociedad tiene muchas cosas buenas, pero también mucha soledad y vacío en los corazones, y situaciones que hay que atender desde el corazón. No hay fórmulas mágicas pero si se empieza con una sonrisa, una presencia, un abrazo… eso vale más que las cosas materiales. Hoy, más que nunca la Iglesia tiene un mensaje que predicar para la mujer y el hombre del siglo XXI, para que aunque los templos no estén llenos, sí seamos capaces de llenar los corazones de las personas.